PRINCIPALES CAPÍTULOS DE LA HISTORIA BIBLICA.

Publicado diciembre 9, 2011 por rolandohh
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La siguiente es una tabla de Teología Bíblica basada en planteamientos de Graeme Goldsworthy que nos ayuda mucho a ubicarnos en el tiempo y en la historia del Plan de Salvación de Dios para la humanidad. Si perdemos de vista este plan Historico-Redentor, podemos caer en interpretaciones incorrectas tales como teologías de corte dispensacionalista o las teologías del dominio, tan de moda en Latinoamérica. Este marco teológico nos ayudará para una sana predicación y enseñanza de las Escrituras tan necesarias en nuestro medio evangélico. Rolando Hinojosa


Creación por la Palabra

Génesis 1 y 2

La Caída

Génesis 3

La Primera Revelación de la Redención

Génesis 4–11

Abraham Nuestro Padre

Génesis 12–50

Éxodo: Nuestro Modelo de Redención

Éxodo 1–15

La Nueva Vida: Regalo y Misión

Éxodo 16–40; Levítico

La Tentación en el Desierto

Números; Deuteronomio

En la Buena Tierra

Josué; Jueces; Rut

El Gobierno de Dios en la Tierra de Dios

1 y 2 Samuel; 1 Reyes 1–10;

1 Crónicas; 2 Crónicas 1–9

La Sombra se Desvanece

1 Reyes 11–22; 2 Reyes

Hay una Nueva Creación

Jeremías; Ezequiel; Daniel; Esther

El Segundo Éxodo

Esdras; Nehemías; Hageo

La Nueva Creación para Nosotros

Mateo; Marcos; Lucas; Juan

La Nueva Creación es Comenzada en Nosotros

Hechos

La Nueva Creación Ahora en Nosotros

Las Epístolas del Nuevo Testamento

La Nueva Creación Consumada

El Nuevo Testamento

COMO DEBO RELACIONARME CON LOS DEMÁS.

Publicado noviembre 25, 2011 por rolandohh
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Tomado del libro “Vida en Comunidad” de Dietrich Bonhoeffer

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Yo debo liberar a las demás personas de cada intento mío de regular, controlar y dominarlos con mi amor. Debo dejarles su libertad en Cristo (no la mía).

El amor humano construye su propia imagen en las otras personas, de lo que él es y de lo que el debe llegar a ser. Esta clase de amor toma la vida de la otra persona en sus propias manos. El amor cristiano se relacionará con la otra persona con la clara Palabra de Dios y estará listo para dejarle sólo con esta Palabra por un largo tiempo, teniendo la voluntad de soltarlo otra vez con el propósito de que Cristo pueda relacionarse con él.

El amor humano produce dependencia humana y represión.

El amor cristiano vive en la luz clara de servicio y crea libertad.

Desde el primer momento cuando un hombre se relaciona con otra persona, el está buscando una posición estratégica que el pueda asumir sobre y contra esta persona. Es vitalmente necesario que cada cristiano enfrente este peligro honradamente y lo erradique.

El primer servicio que uno debe a los demás en el compañerismo consiste en escucharle. Así como amar a Dios comienza con escuchar su Palabra, así el comienzo de amar a otros es aprendiendo a escucharles. Los cristianos- y en especial los predicadores- creen a menudo que cada vez que se encuentran con otros seres humanos, su único servicio consiste en “ofrecerles” algo. Se olvidan que el saber escuchar puede significar un servicio mayor que el hablar. Mucha gente busca un oído que lo escuche, y no lo hallan entre los cristianos, debido a que estos hablan también allí donde deberían escuchar.

El segundo servicio es una ayuda activa. Esto significa, en primer lugar en la sencilla ayuda en cosas pequeñas, externas. De ellas hay muchas en toda vida en común. Nadie es demasiado importante para el servicio más insignificante. Debemos permitirnos nosotros mismos ser interrumpidos por Dios. Repetidamente, -aún a diario- Dios se cruzará en nuestro camino, desbaratará nuestros proyectos, al enviarnos a personas con exigencias y pedidos propios. Podríamos pasar de largo de ellos, preocupados con nuestras más importantes tareas, como el sacerdote pasó de largo por el hombre caído, quizás leyendo la Biblia.

Tercero, debemos hablar acerca del servicio consistente de sobrellevar la carga de los otros. “Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo.” Gálatas 6.2. Así es la ley de Cristo; es una ley del sobrellevar. Sobrellevar es sufrir. El prójimo no llega a ser siquiera una carga para el pagano. Rehúye ser molestado con sus cargas; el cristiano, en cambio, debe sobrellevar la carga del hermano. Debe sufrir al hermano. Sólo así, como carga, el otro se convierte verdaderamente en hermano y no en objeto dominado. Eso solo cargando con mi hermano que la asombrosa gracia de Dios llega a ser completamente clara.

“Por eso, confiésense unos a otros sus pecados” (Sant.5.16). El que se queda solo con el mal que hay en él, se queda completamente solo. La comunidad piadosa no permite a nadie ser un pecador. Por esta razón cada cual debe esconder su pecado ante sí mismo y ante la comunidad. No nos es permitido ser pecadores. Nos quedamos solos con nuestro pecado, en mentira e hipocresía: porque resulta que somos lo que somos: pecadores.

Pero es esta la gracia del evangelio, tan difícil de comprender para el piadoso: la de colocarnos en medio de la verdad para decirnos: tú eres un pecador, un gran pecador sin salvación; y ahora, siendo lo que eres, ese pecador, ven hacia tu Dios, que te ama. Un hombre quien confiesa sus pecados en presencia de un hermano sabe que ya no más estará solo; él experimenta la presencia de Dios en la realidad de la otra persona.

NO SE TRATA DE LUTERO, SE TRATA DEL EVANGELIO. Michael Horton

Publicado noviembre 1, 2011 por rolandohh
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Vivo en un país, México, donde el 85 % de la población es Católica Romana. Cifras parecidas a esta se tienen en todos los países de Latinoamérica. Con tales cifras, la iglesia cristiana de cada país en Latinoamérica tiene su propio campo misionero en su mismo país. No hay duda que los practicantes de la iglesia Católica Romana necesitan el evangelio. No necesitamos ir más allá de nuestras ciudades. Horton tiene razón, la abismal diferencia sigue vigente, porque “No se trata de Lutero, se trata del Evangelio.” Rolando Hinojosa

Opacado por el Halloween, el 31 de octubre también es el día de la Reforma. Como Protestantes que marcamos el 490° aniversario del día cuando Lutero clavó las 95 tesis, ¿cómo ha cambiado el panorama? El Vaticano ya no publica bulas papales de excomunión, arrestos y aún a la muerte de Martín Lutero, el Vaticano ha estado comprometido en conversaciones caritativas con la Federación Mundial Luterana así como con la Comunidad Mundial de Iglesias Reformadas (WCRC). De acuerdo a muchos, especialmente la corriente Protestante, y también evangélica, la Declaración Conjunta en la Justificación (1999) arregló la vieja disputa de siglos. Una década de “Evangélicos y Católicos Juntos” amplió la era de los buenos sentimientos. De manera que no es maravilla que muchos evangélicos así como corrientes Protestantes fueron impactados con el libro “¿Ha terminado la Reforma?” (2005) de Mark Noll y Carolyn Nystrom.

Que no sea ninguna sorpresa a nuestros lectores que disentimos de esta opinión generalizada. No ha habido ningún cambio material en la posición Católica Romana en los asuntos que llevaron a la excomunión de los Reformadores. Aún la Declaración Conjunta en la Justificación superó la doctrina central de controversia sólo para abrazar una definición Católica Romana como perdón y real transformación (Por ej. Santificación). Vean el artículo excelente del historiador Scott Manetsch “¿Ha terminado la Reforma?” Manetsch resume los puntos de controversia y concluye que allí hay divisiones permanentes.

Verdaderamente ha sido un movimiento en términos de fe y práctica, pero esto ha hecho que los Protestantes ya no más estén de acuerdo con la respuestas de la Reforma o piensan que ya no más son importantes. La pregunta de cómo los pecadores son justificados ante Dios ya no es más relevante en el contexto de la cultura del siglo veintiuno. El Vaticano es mucho más amable y más suave. La retórica del Concilio Vaticano II de “los hermanos separados” suena mucho mejor que una “secta herética y perniciosa”, pero cuando esta llega al asunto material en juego, nada es cambiado. La adoración permanece corrompida con invenciones humanas que sepultan la Palabra de Dios; la autoridad asumida por el magisterio asalta la majestad del Rey de la iglesia que gobierna por su propia Palabra y Espíritu, y más significativo, Roma continúa rechazando en términos sin ninguna duda, que somos justificados por gracia sola en Cristo solo a través de la fe sola. Como Calvino puso el asunto en su Carta al Cardenal Sadoleto, la justificación es “el primero y más agudo tema de la controversia entre nosotros. Después de todo, dondequiera que el conocimiento de la justificación sea quitada, la gloria de Cristo es extinguida, la religión abolida, la iglesia destruida y la esperanza de salvación es totalmente derrocada.”

¿Estaban los Reformadores en lo correcto cuando ellos dijeron tales cosas divisivas? Es posible que ellos estaban en lo correcto en ese tiempo, ¿pero ahora? ¿Qué ha cambiado desde el siglo dieciséis con respecto a la manera de Dios de salvar a los pecadores que causarían en nosotros dar una respuesta diferente ahora o desechar hoy la pregunta como irrelevante?

Aparte de las preguntas materiales, es una combinación de tragedia y comedia mirar a los Protestantes caer ellos mismos para ganarse la aprobación papal. En su visita el mes pasado a Alemania el Papa Benedicto fue recibido con efusivo elogio por decir cosas nuevas acerca de Lutero. Después de que el papa visitó el monasterio de Erfurt donde Lutero estuvo preso, el obispo presidente de la Iglesia Evangélica de Alemania anunció a los periodistas que “Lutero ha experimentado una rehabilitación de facto hoy a través del aprecio de su obra.” “Hemos escuchado que es muy claro de la boca del papa”, dijo él, “Que seguirlo formalmente ahora es otro asunto… pero para mí esto no es tan importante.” Sin embargo, como lo dijo en el reportaje de la prensa Reuters, el portavoz del Vaticano Rev. Federico Lombardi en la última parada del viaje de cuatro días del papa en su tierra, “Lo que se trata es de tener una fe profunda y creo que pone de relieve los puntos comunes que tenemos en nuestro amor por la fe”.

¡Wow! Esto suena como la historia del muchacho aguador quien públicamente profesa su amor ciego con la porrista estrella sólo para que se le diga, “Solo seamos amigos.”

Esto es el todo el amor no correspondido en medio del remolino de atareados preparativos para celebrar el 500° aniversario de las tesis que dividieron la iglesia en 1517. Vemos que así como en los anuncios recurrentes de los protestantes (el Vaticano curiosamente guarda silencio) que la grieta que se supera porque Roma ya no cree que Lutero sea un hereje. El evangelio aparentemente ya no es más el asunto. En lugar de eso, este es Lutero. “¿Les gusta nuestro Reformador (nota ‘nos gusta’)?” “Sería muy agradable si ellos pudieran declararlo un doctor de la iglesia,” como lo dijo el Obispo Luterano Ilse Junkermann a la prensa Reuters, “Es triste verlo sólo desde un punto de interés humano de vista.”

¿No hay cambios al actual Catecismo Católico? ¿No hay ningún pronunciamiento papal que al menos abra la conversación a la posibilidad de que las posiciones promulgadas desde el Concilio de Trento pudieran contradecir la Escritura? Otra vez, el amor no correspondido, aún en este punto, como el mismo que reporta la prensa: “Los oficiales del Vaticano han sugerido en el pasado que la rehabilitación no oficial fue necesaria porque la prohibición expiró a la muerte de Lutero.” El Cardenal Edward Cassidy, un alto oficial ecuménico del Vaticano, dijo en 1999, “Uno no puede hacer nada respecto de Lutero porque Martín Lutero, donde sea que él esté, no está preocupado respecto a esas condenaciones.”

Me gusta mucho Lutero. Admiro a Calvino como un mentor a través de sus escritos. Pero ¿En realidad me preocupa lo que Roma piense de “mis muchachos”? No, no en realidad. No se trata de ellos. Se trata del evangelio y los asuntos más amplios conectados a este, concerniente a la autoridad, las supersticiones y a la adoración idolátrica.

La Reforma no se ha terminado. No por un tiempo. Lo que necesitamos más en este momento no es la rehabilitación de Lutero, sino la rehabilitación de la proclamación verdadera. Esto es lo que necesitamos ahora, aún en el Protestantismo—y quizás especialmente en el Protestantismo, más que nunca.


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