OCHO PALABRAS QUE RESUMEN EL EVANGELIO (1ª Parte). D. A. Carson

Publicado marzo 30, 2012 por rolandohh
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El Evangelio de Jesucristo (1 Corintios 15.1-19)

Muchos han comentado el hecho de que la iglesia en el mundo occidental está teniendo a través del tiempo una notable fragmentación. Esta fragmentación se extiende a nuestro entendimiento del evangelio. Para algunos cristianos “el evangelio” es un sistema estrecho de enseñanzas acerca de Jesús y su muerte y resurrección el cual, creído correctamente, pone a la gente dentro del reino. Después de todo, el discipulado real y la transformación personal comienza, pero nada de esto está integralmente relacionado al “evangelio”. Esto está muy lejos del énfasis dominante del Nuevo Testamento que entiende el “evangelio” para ser abrazado en una categoría que se mantiene junto a una gran parte de la Biblia, y toma a los cristianos de la perdición y alienación de Dios en el camino a través de la conversión y discipulado hacia la consumación, esto es, a la resurrección de los cuerpos, y a los nuevos cielos y la nueva tierra.

Otras voces identifican el evangelio con el primero y segundo mandamientos—los mandamientos de amar a Dios con todo el corazón y el alma y la mente y fuerzas, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Estos mandamientos son tan centrales que Jesús mismo insiste que todos los profetas y la ley dependen de ellos (Mateo 22.34-40— pero enfáticamente ellos no son el evangelio.

Una tercera opción hoy es tratar la enseñanza ética de Jesús encontrada en los Evangelios como el evangelio- y aún, la enseñanza ética de Jesús que se sustrae del relato de la pasión y la resurrección que encontramos en cada Evangelio. Esta aproximación depende de dos errores desastrosos. Primero, esta pasa por alto el hecho de que en el primer siglo no había “Evangelio de Mateo”, “Evangelio de Marcos”, ni los otros dos. Nuestros cuatro evangelios fueron llamados, respectivamente, “El Evangelio según Mateo”, “El Evangelio según Marcos”, etc. En otras palabras, había solo un evangelio, el evangelio de Jesús.

Cristo, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Este único evangelio, este mensaje de noticias que eran al mismo tiempo amenazadoras y prometedoras, acerca de la venida de Jesús el Mesías, el largamente esperado Rey, incluyó algo acerca de sus orígenes, el ministerio de su precursor, su breve ministerio de enseñanza y transformaciones milagrosas, hasta el punto central de su muerte y resurrección. Estos elementos no son perlas independientes de un collar que constituyen la vida y los tiempos de Jesús el Mesías. En lugar de esto, son elementos firmemente unidos. Los relatos de las enseñanzas de Jesús no pueden ser correctamente entendidos a menos que discernamos como ellos fluyen y señalan la muerte y la resurrección de Jesús. Todas estas cosas juntas es el único evangelio de Jesucristo, el cual los Evangelios del canon son testigos. Estudiar las enseñanzas de Jesús sin simultáneamente reflexionar en su pasión y resurrección es tan malo como evaluar la vida y los tiempos de George Washington sin reflexionar en la Revolución Americana, o evaluar el libro “MI lucha” de Hitler sin pensar en lo que hizo y como murió.

Segundo, pronto veremos que enfocar en la enseñanza de Jesús mientras ponemos la cruz en el perímetro, reduce las gloriosas buenas noticias en una mera religión, el gozo del perdón en una conformidad meramente ética, y los más altos motivos para la obediencia a un mero deber.  El precio es catastrófico.

Quizás todavía es más común la tendencia de asumir que entendemos el evangelio, cualquiera que este sea, mientras que dedicamos la energía creativa y la pasión a otros asuntos—matrimonio, felicidad, prosperidad, evangelismo, los pobres, lucha contra el catolicismo, lucha contra las presiones de la secularización, bioética, política de izquierda y de derecha—la lista es infinita. Esto pasa por alto el hecho de que nuestros oyentes inevitablemente son atraídos hacia aquello de lo que somos más apasionados. Cada maestro sabe esto.

Mis estudiantes probablemente poco aprenden de todo lo que les estoy enseñando, pero ellos probablemente aprenden de lo que yo estoy más apasionado. Si el evangelio se da por sentado solamente, mientras que asuntos de la periferia relativamente encienden nuestra pasión, estaremos entrenando una nueva generación a minimizar el evangelio y a enfocar su celo en la periferia. Es fácil sonar profético desde los márgenes, lo que es urgentemente necesario es ser profético desde el centro. Lo que es de temer, en las palabras famosas de W.B. Yeats en “La Segunda Venida” es que el “centro no se sostiene”. Sin embargo, si de hecho nos enfocamos en el evangelio, pronto veremos que este evangelio, entendido correctamente, nos dirige a como pensar y qué hacer respecto de una colección sustancial de otros asuntos. Estos asuntos, si son analizados en sí mismos, tan importantes como son, permanecen relativamente en la periferia, irónicamente, si el evangelio en si mismo es profundamente pesado y permanece en el centro de nuestro pensamiento y de la práctica de vida, este poderosamente dirige y lucha con todos los otros asuntos.

Hay muchos textos bíblicos y temas que podríamos explorar de manera útil para pensar más claramente acerca del evangelio. Pero nuestro propósito se enfocará principalmente en 1 Cor. 15.1-19.

Trataré de juntar las cosas para claramente enfocarnos en ocho palabras que lo resumen (seis de las cuales fueron sugeridas por John Stott), cinco claras declaraciones y un resumen evocador.

A. Ocho palabras que resumen el evangelio:

Lo que Pablo va a hablar en estos versículos, dice él, es “el evangelio”. “Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué” (v. 1) “Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué.” (v. 2).

En verdad, lo que Pablo les ha pasado a ellos fue “de primera importancia”—una manera poderosa de decir a sus lectores a poner atención, porque lo que él les va a decir es acerca de poner el evangelio en el mero centro. Luego de las observaciones preliminares la primera palabra que aparece en el resumen de Pablo es “Cristo”. “Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados” y sigue adelante. Esto me lleva a la primera de mis ocho palabras que resumen el evangelio.

PON EL EVANGELIO EN EL CENTRO DE TUS ASPIRACIONES (2ª Parte). D.A. Carson

Publicado marzo 9, 2012 por rolandohh
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¿Cómo maneja esto Pablo? ¿Está él herido? Sin duda él ha tenido sentimientos como cualquier otro. Pero… él percibe que ya sea por predicadores como estos o por predicadores quienes se alinean ellos mismos con el apóstol, el evangelio se ha escapado. Y que esto es más importante que él mismo alcance un respeto universal en la iglesia. No solo él puede decir “¿Qué importa?” La cosa importante es que de cualquier manera, ya sea desde los falsos motivos o lo verdaderos, Cristo es predicado, y él puede añadir, “Por eso me alegro; es más, seguiré alegrándome” (1.18).

El ejemplo de Pablo es claro e impresionante: Pon el avance del evangelio en el centro de tus aspiraciones. Nuestra propia comodidad, nuestros sentimientos heridos, nuestra reputación, nuestros motivos malentendidos—todas estas cosas son insignificantes en comparación con el avance y el esplendor del evangelio. Como cristianos, somos llamados a poner el avance del evangelio en el mero centro de nuestras aspiraciones.

¿Cuáles son tus aspiraciones? ¿Ganar más dinero? ¿Casarte? ¿Viajar? ¿Ver crecer a tus nietos? ¿Encontrar un nuevo trabajo? ¿Retirarte pronto? Ninguna de estas cosas es inadmisible, ninguna es despreciable. La pregunta es si estas aspiraciones llegan a ser tan devoradoras que la aspiración central de un cristiano es expulsada a la periferia o ahogada completamente de la existencia.

En una buena cantidad de iglesias evangélicas hay una tendencia preocupante de enfocarse en la periferia. Mi colega el Dr. Paul Hiebert analizó que alguna vez una generación de Menonitas creyó el evangelio y lo agarró tan bien que entre los Menonitas hubo ciertas relaciones sociales, económicas y políticas. La siguiente generación asumió que tenía el evangelio, pero lo identificó con las relaciones sociales, económicas y políticas. La siguiente generación negó el evangelio: las “relaciones” lo llegaron a ser todo. Asumiendo esta clase de esquema para los evangélicos, uno sospecha que una gran franja del movimiento evangélico está colocado en la segunda etapa, yendo a la deriva hacia la tercera etapa.

Si preguntamos, ¿Qué es lo que te emociona en la fe cristiana? Hoy podemos ver un número ilimitado de cristianos quienes invierten grandes cantidades de tiempo y de energía en algún asunto o en otro: aborto, pornografía, escuela en casa, ordenación de las mujeres (a favor o en contra), justicia económica, cierto estilo de adoración, la defensa de una versión particular de la Biblia, y los países tiene una agenda llena de demandas urgentes y periferias. Ni por un momento estoy diciendo que no debemos pensar acerca de tales asuntos o darles poca importancia en su valor. Pero cuando tales asuntos devoran la mayoría de nuestro tiempo y pasión, cada uno de nosotros debemos preguntar: ¿En qué moda estoy confesando la centralidad del evangelio?

Esto tampoco es un ruego de un evangelio sin ramificaciones sociales. Correctamente recordamos que bajo Dios sus convertidos dirigieron la lucha por la abolición de la esclavitud, lucharon por reformar el código penal, hacer tratados de comercio, transformar prisiones, y liberar a los niños del trabajo en las minas. Toda la sociedad fue transformada debido a que hombres y mujeres convertidos vieron que la vida debe ser vivida bajo Dios y en una manera que la agrade a El. Pero virtualmente sin excepción estos hombres y mujeres pusieron primero al evangelio. Ellos se deleitaban en este, lo predicaron, apreciaron la Biblia leyendo y exponiendo que ésta estaba centrada en Cristo y centrada en el evangelio. Y desde esta base se movieron a sus agendas sociales. En resumen, ellos pusieron el evangelio primero, no menos que en sus propias aspiraciones. No por ver esta prioridad significa que no estamos más que a una generación de llegar a negar el evangelio.

Puede ser que Dios te ha llamado a ser un constructor de casas o un ingeniero o un químico o un excavador de zanjas. Puede ser que tú tendrás un rol significativo en el creciente campo de la bioética. Pero aunque el evangelio afecta directamente como cumplirás tus deberes en cada caso, ninguna de esas deben desplazar al evangelio que es central para cada cristiano que piensa. Tú debes poner el evangelio primero en tus aspiraciones. Entonces serás capaz de soportar la aflicción y la persecución y aun el mal entendimiento y las falsas declaraciones de otros cristianos. Tu podrás decir con Pablo, “quiero que sepan que, en realidad, lo que me ha pasado ha contribuido al avance del evangelio.” (Filipenses 1.12).

… Pon el avance del evangelio en el centro de tus aspiraciones.

PON EL EVANGELIO EN EL CENTRO DE TUS ASPIRACIONES (1ª Parte). D.A. Carson

Publicado marzo 2, 2012 por rolandohh
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                                      El apóstol Pablo en la cárcel de Rembrandt  óleo sobre tabla

Filipenses 1.12-18ª

El desarrollo del argumento de Pablo es notable. Aparentemente algunos de sus críticos pensaron que Pablo había ido cuesta abajo por malamente haberse permitido asimismo ser arrestado… Uno podía imaginar fácilmente las razones de los críticos de Pablo. Pablo había apelado al Emperador, algo que le traería al cristianismo una mala reputación. Pablo está constantemente entrando de cabeza en cosas donde alguien más sabio y más calculador hubiera sido cauteloso. ¿Por qué él tuvo que ir a Jerusalén y de todas maneras haberse dejado asimismo ser arrestado?

Pero Pablo lo lamenta poco: “Hermanos, quiero que sepan que, en realidad, lo que me ha pasado ha contribuido al avance del evangelio.” (Filipenses 1.12). Esto es lo que le importa a Pablo: No su propia comodidad, sino el avance del evangelio. El ofrece dos razones en defensa de su juicio.

Primero, su arresto y prisión en Roma ha resultado en que la guardia Pretoriana haya escuchado que él ha sido arrestado por la causa de Cristo: “Es más, se ha hecho evidente a toda la guardia del palacio y a todos los demás que estoy encadenado por causa de Cristo.” (1.13). Debido a que una Guardia Pretoriana completa tenía un número cercanos a los novecientos soldados, muchos comentadores irónicamente protestan que novecientos soldados no pudieron haberse encargado de Pablo de modo que todos ellos pudieron haber escuchado personalmente su testimonio. Seguramente esta guardia debió haber sido un pequeño número de soldados que guardaron a Pablo. Pero la referencia a toda la guardia del palacio probablemente tiene una simple explicación… Pablo estaba demostrando ser un prisionero extraordinario, cuyas historias acerca de él comenzaron a circular alrededor del palacio—y no solo historias acerca de él, sino también de la historia del evangelio. Historia de la que Pablo insiste, es asombrosa. Ha habido un avance en la circulación del evangelio porque yo estoy en cadenas.

Hay una segunda razón de por qué Pablo insiste que su encarcelación ha sido para el avance del evangelio: “Gracias a mis cadenas, ahora más que nunca la mayoría de los hermanos, confiados en el Señor, se han atrevido a anunciar sin temor la palabra de Dios.” (1.14). Algunas veces un poco de persecución cambia de tímidos a valerosos cristianos. En 1950 cinco graduados de Wheaton College perdieron sus vidas en un intento de llevar el evangelio a los indios Aucas. Entre los excelentes resultados imprevistos fue el gran número de graduados quienes año tras año por las siguientes dos décadas sirvieron ellos mismos como misioneros. Debido a la muerte de los “cinco para los Aucas”, muchos fueron animados a hablar la palabra de Dios más valientemente y temerosamente.

Sin embargo, Pablo es realista. El reconoce que ninguna de las consecuencias de su encarcelamiento es de color de rosa en cada aspecto. “Es cierto que algunos predican a Cristo por envidia y rivalidad, pero otros lo hacen con buenas intenciones. Estos últimos lo hacen por amor, pues saben que he sido puesto para la defensa del evangelio. Aquéllos predican a Cristo por ambición personal y no por motivos puros, creyendo que así van a aumentar las angustias que sufro en mi prisión. ¿Qué importa? Al fin y al cabo, y sea como sea, con motivos falsos o con sinceridad, se predica a Cristo.” (1.15-18)

¿Quiénes son esos curiosos predicadores quienes “predican a Cristo” pero quienes lo hacen con los motivos más sorprendentes? Es importante reconocer que ellos no son herejes… Si lo hubieran sido, Pablo los hubiera expuesto como tales. Los predicadores a quienes Pablo hace referencia aquí… plantean el evangelio verdadero, pero que algunas veces lo hacen desde la más extraña mezcla de motivos. En este caso, la gente que Pablo tiene en mente son aquellos que deben ser entendidos en relación a lo que está detrás del v. 12. Ellos piensan que Pablo ha hecho daño a la causa cristiana por haber permitido arrestarse a si mismo. Probablemente ellos magnificaron su propio ministerio poniendo a Pablo en caída. Podemos imaginar sus pomposas reflexiones: “Es en verdad triste que tan gran hombre como Pablo haya malgastado sus oportunidades del evangelio simplemente por ser tan inflexible. Después de todo, yo y otros muchos logramos mantenernos activos y predicamos el evangelio. Uno debe asumir que Pablo tiene una falla profunda de su carácter que lo pone en el camino de los problemas. Mi ministerio sí está siendo bendecido, mientras que el de él languidece en la prisión.” Por tanto, entre más hablaban ellos, más sus propios caminos son justificados y más Pablo es hecho parecer necio.


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