ENTONCES, ¿QUÉ ES EL EVANGELIO? D. A. Carson

D. A. Carson es profesor de Nuevo Testamento en Trinity Evangelical Divinity School en Deerfield, Illinois.

En blogs, ensayos y libros, se ha escrito mucho recientemente acerca de lo que es “el evangelio”. Para unos, la pregunta de lo que es el evangelio puede estar relacionada con lo que es el “evangelicalismo”, ya que la palabra “evangelio” del griego “evangel”, descansa en el corazón del “evangelicalismo”. La gente habla de diferentes maneras del evangelio “simple” o del evangelio “completo” o del evangelio “puro”—y sin duda muchos otros adjetivos. Algunos hacen la distinción entre el evangelio de la cruz y el evangelio del reino. Estudios técnicos del Nuevo Testamento en años recientes han manejado la pregunta de cuándo “El Evangelio según Mateo" (O Marcos o Lucas o Juan) ha llegado a ser “El Evangelio de Mateo" (O de Marcos, o de Lucas, o de Juan), con el antiguo argumento de que había un evangelio con testigos diferentes, mientras que más tarde se abre la posibilidad de tener distintos evangelios para cada comunidad etiquetada por uno de los cuatro evangelios canónicos— aunque este punto de vista, todavía dominante, más tarde ha tenido una crítica severa, al menos a la luz del libro de Richard Bauckham “Los Evangelios para todos los cristianos: Reconsiderando las Audiencias del Evangelio.” Irónicamente, mientras el título de Bauckham captura alguna verdad importante— es decir, que nuestros cuatro evangelios del canon bíblico no fueron para comunidades herméticamente selladas sino para la más amplia circulación entre los cristianos— este usa la forma plural del nombre, “Evangelios”, en una manera en que, como yo lo entiendo, es francamente anacrónica, porque esta no parece estar duplicada en ninguna parte en el primer siglo. Un puñado de otros ensayos han notado casos donde el evangelio no es “buenas noticias” para ciertas personas, sino una promesa de terrible juicio. Los escritores de esos ensayos argumentan que la palabra griega “evangel” puede no significar “buenas noticias” sino algo como “grandes e importantes noticias”: sean buenas o malas depende de aquellos que las escuchan.

Espero manejar un par de todas esas cuestiones. Sin embargo, por el momento, me gustaría subrayar otra distinción que es digna de mencionar. Esto fue entendido mejor en el pasado que en el día de hoy. Es esta: uno podría distinguir entre, por un lado, el evangelio como lo que Dios ha hecho y lo que es el mensaje que es anunciado y, por otro lado, lo que es demandado por Dios o efectuado por el evangelio en las variadas respuestas humanas. Si el evangelio es las buenas noticias de lo que Dios ha hecho en Jesucristo, hay un amplio lugar para incluir bajo “el evangelio” las maneras en la cual el reino ya está aquí y vendrá en el futuro, relacionar este reino con la muerte y resurrección de Jesús, para demostrar que el propósito de lo que Dios ha hecho es reconciliar a los pecadores con él mismo y finalmente traer bajo un gobierno unos nuevos cielos y tierra renovados y transformados, hablar acerca del regalo de Dios del Espíritu Santo, y la consiguiente resurrección y ascensión de Cristo a la derecha de la majestad de Dios y para estar por encima de todo de acuerdo al enfoque en lo que Pablo ve como asunto "de primera importancia": Cristo crucificado. Todo esto es lo que Dios ha hecho; esto es lo que proclamamos; esta es la noticia, las grandes noticias, las buenas noticias.

En contraste, los primeros dos grande mandamientos– amar a Dios con todo el corazón y alma y mente y fuerzas , y a nuestro prójimo como a nosotros mismos– no constituyen el evangelio, o alguna parte de este. Podríamos argumentar que cuando el evangelio es fielmente declarado y correctamente recibido, tiene como resultado en seres humanos más cercanamente alineados a estos dos mandamientos. Pero estos dos mandamientos no son el evangelio.

Similarmente, el evangelio no es recibir a Cristo o creer en él, o ser convertido, o unirse a una iglesia; este no es tampoco la práctica del discipulado. Otra vez, el evangelio fielmente declarado y correctamente recibido dará como resultado gente recibiendo a Cristo, creyendo en Cristo, siendo convertidos, y uniéndose a una iglesia local; pero estos pasos no son el evangelio. La Biblia puede exhortar a aquellos quienes confían en el Dios viviente a estar preocupados con los asuntos de justicia social (Isaías 2, Amós); esta puede decir a los nuevo creyentes a hacer el bien a todos los seres humanos, especialmente a aquellos de la familia de la fe (Gálatas 6); esta nos exhorta a recordar a los pobres y a preguntar no, "¿Quien es mi prójimo?" sino "¿A quien sirvo como mi prójimo?" Aún podemos argumentar que la lista de los mandamientos morales es una necesaria consecuencia del evangelio. Pero esto no es el evangelio. Podemos predicar a través de la lista, recordando a la gente lo que la Biblia dice acerca de no solo lo que debemos creer sino cómo debemos vivir. Pero no podemos predicar a través de esta lista y pretender encapsular el evangelio. El evangelio es lo que Dios ha hecho, supremamente en Cristo, y especialmente centrado en su cruz y resurrección.

Fallar en distinguir entre el evangelio y todos los efectos que el evangelio obra, a un largo plazo, reemplazaremos las buenas noticias de lo que Dios ha hecho con un moralismo, que finalmente no tiene el poder y la gloria de Cristo crucificado, resucitado, ascendido y reinante.

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