DISCERNIENDO LO QUE NOS DISTRAE DEL EVANGELIO: UNA CARTA DE UN AMOROSO PADRE A SU HIJO FIEL. (2a. Parte). K. Edward Copeland

Aconsejados por la media

La tecnología del siglo 21 tiene el potencial de ser el más grande favor para el movimiento de evangelismo desde que Dios decidió usar la lengua griega y los caminos Romanos para propagar Su mensaje. Esta tecnología también tiene el potencial de ser nuestra distracción más grande. En términos del ministerio de la Palabra deseo recordarte que imitar lo que ves en la media puede ser una cosa peligrosa.

Muchos jóvenes predicadores están siendo mentoreados exclusivamente por la media y encuentro que es uno de los más grandes desafíos que enfrenta el Cristianismo en occidente. Como te has dado cuenta, sólo la media puede extender las Buenas Noticias a terabytes por segundo, pero también puede magnificar y multiplicar el error con la misma velocidad.

Desafortunadamente mucha gente de las masas cree que si algo está en televisión debe ser verdadero. En consecuencia, una exégesis descuidada, la bufonería Homilética, y un evangelio que minimiza la cruz son lo que es ofrecido y aceptado por el mundo como predicación auténtica.

Como te lo he dicho mucho anteriormente, cada cristiano necesita un Bernabé, un Silas y un Timoteo. Los Bernabés entrenan y animan, los Silas caminan a un lado y te desafían, y los Timoteos son tus modelos mientras te enseñan. Los tres son todos esenciales. Si virtualmente tu mentor es sólo uno disponible, entonces hay una carencia de responsabilidad y ambas cosas presagian un desastre ministerial.

No estoy diciendo que no puedas aprender de otros con quien estás íntimamente familiarizado. Te animo a escuchar sermones en CD o DVD o mp3. El asunto es discernir de quien modelas tu ministerio. No hay nada malo en ser mentoreados a través de la media cuando nada más está disponible. Puedo imaginar a alguien en un lejano pueblo en Sudamérica o China o aún en las regiones de Dakota del Sur quien no tiene fácil acceso a un entrenamiento con calidad ministerial beneficiándose mucho con Casettes, CDs. o DVDs de los grandes maestros de hoy. Sin embargo, alguien quien tiene acceso al entrenamiento de mentores vivos reales debe tener cuidado de aprovechar esas tremendas bendiciones. No hay sustituto para la responsabilidad natural que fluye de seguir el modelo de discipulado de 2 Timoteo 2.2. Hebreos 13.7 dice Acuérdense de sus dirigentes, que les comunicaron la palabra de Dios. Consideren cuál fue el resultado de su estilo de vida, e imiten su fe.”

Deberás considerar bien el resultado o el estilo de vida de cualquiera de quien planees modelar tu ministerio de quien tu conozcas personalmente o digitalmente.

Motivados por el Dinero

Ya que haz seguido muy de cerca mi modelo de conducta y visto de primera mano mi estilo de vida déjame recordarte un último asunto que demanda tu constante atención para que no seas distraído de tu trabajo. No permitas que el dinero sea tu motivación para el ministerio. Recuerda los ejemplos bíblicos de Acán y Giezi y recuerda “que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero sólo si uno está satisfecho con lo que tiene.” (1 Timoteo 6.6)

No olvides que muchos han sido negligentes en recordar esto. Dios es Soberano. El llama a algunos a vivir en un estilo de vida austero mientras que a otros les es dado abundantemente. Algunos de los héroes de la fe vivieron en cuevas mientras que otros vivieron en palacios. El común denominador fue que su motivación no era la riqueza material sino el cumplimiento de una promesa (Hebreos 11.39-40). En otras palabras, comparar tu portafolio financiero con alguien más en el ministerio es un ejercicio estéril. Las riquezas no igualan a la justicia, ni tampoco la pobreza. Disciplinarte tu mismo es vivir libre de deudas. Aprende cómo vivir luchando con los básicos de la fe. Si no lo haces nunca estarás satisfecho aún si Dios te bendice con los lujos de la vida. Confía en Dios como tu director de recursos. El ha prometido Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo, y les pagaré lo que sea justo.” (Mateo 20.4). Y que cualquier cosa que dejes por causa del evangelio te será devuelto. (Mateo 19.29)

Recuerda que en nuestro no tan claro contrato de empleo claramente se lee que el sufrimiento es también parte del negocio (2 Timoteo 3.12; Filipenses 1.29). No te espantes de sufrir por causa del Nombre. Deja que Su reputación y el cumplimiento de tus asignaciones sean la única cosa por las cuales seas conocido como profundamente apasionado. Esta disciplina de Una Sola Cosa es lo que ha energizado a los santos de la antigüedad como David (Salmos 27.4) y Pablo (Filipenses 3.13), y nos servirá bien en estos últimos días. C.S. Lewis estaba en lo correcto cuando dijo:

“Los salmistas nos exhortan a alabar a Dios y sólo hacen lo que todo el mundo también hace cuando hablan de lo mucho que se aprecia… (Pero) Somos criaturas desganadas, que pasamos el tiempo jugando con el sexo, con las bebidas, y con la ambición de cosas materiales, cuando lo que se nos ofrece es un gozo infinito. Somos como aquel niño del barrio pobre que en su ignorancia quiere seguir jugando con sus pasteles de lodo, pues no puede imaginarse qué significa que le estén ofreciendo un día en la playa. Somos tan fáciles de complacer.”

Más que Popeye ama a sus espinacas, o Rufo el Coyote desea al Correcaminos o Bob Esponja anhela a Patricio, deja que el amor de Cristo sea tu pasión que te dirige. La popularidad es pasajera, las personalidades de la media pueden ser engañosas y el dinero nunca satisface a aquel que lo ama. Puesto bíblicamente:

“No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre. Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida— proviene del Padre sino del mundo. El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1 Juan 2.15-16)

Sólo un siempre creciente amor por Cristo bastará para guardarnos de centrarnos y protegernos de las distracciones demoníacas del evangelio.

Medita en estas cosas y ven a visitarme cuando puedas. La familia entera te extraña y anhela verte. Trata de venir tan pronto el tiempo lo permita.

Tu amoroso Padre,

K. Edward Copeland

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