Las Falsificaciones en el Libro de Apocalipsis desde una Perspectiva de la Cultura No-Cristiana (4ª y última Parte) Por Vern S. Poythress

Engaño y ceguera

Ahora miremos las maneras en las que la idolatría afecta nuestro conocimiento. La idolatría corrompe nuestro entendimiento de Dios, algunas veces descaradamente y algunas veces muy sutilmente. Pero ya sea abiertamente o sutilmente, la idolatría ciega y engaña a aquellos quienes la practican. Los idólatras se engañan a si mismos por pensar que, sí, que ellos están adorando a Dios, o al menos adorando algún dios. Ellos adoran lo que les parece merecer su adoración. Los idólatras desarrollan cegueras por lo que hacen y se entontecen por esto. Como lo dice el Salmo 115.4-8, no sólo que los ídolos tiene bocas y no hablan, ojos pero no pueden ver. Los ídolos también promueven ceguera y estupidez en sus adoradores. “Semejantes a ellos son sus hacedores, y todos los que confían en ellos.” (v.8).

Pero esta ceguera nunca se suma a un simple vacío, a una ausencia inocente de conocimiento. Agarramos la falsificación, agarramos el sustituto, solo porque este es una falsificación del Dios verdadero. La falsificación es atractiva solo porque imita a Dios. Amamos la falsificación sólo porque no podemos escapar de Dios y depender de él. La alternativa de adorar a Dios no es no adorar nada, sino adorar un sustituto, adorar una falsificación. Y la falsificación debe ser una falsificación suficientemente exitosa para dar la ilusión de satisfacer las necesidades y anhelos que tenemos por Dios.

Sin embargo, la falsificación muestra su dependencia en el mismo acto de la falsificación. La Bestia es quien es, sólo como un falsificador del poder y la resurrección de Cristo (Apoc. 13.3). Pero su carácter bestial también proclama su inferioridad a Cristo. Como criaturas, la gente instintivamente sabe que debe adorar a Cristo. Ellos muestran esto cuando adoran a la Bestia, quien es una falsificación de Cristo. Pero como pecadores, la gente prefiere la falsificación de la verdad. Por lo tanto. No escapamos de Dios aún en el acto de idolatría; en lugar de eso, demostramos que todavía debemos adorar al Creador original. Conocemos a Dios y simultáneamente distorsionamos y suprimimos el conocimiento (Rom. 1.18-32).

En esta situación, es importante notar que la idolatría no es un acto de adoración muy auto-conciente, claro y deliberado. De hecho, la idolatría siempre involucra engaño y por lo tanto confusión. Confundimos a Dios con los ídolos. Nuestros pensamientos y acciones llegan a ser oscurecidos. Por esto, cuando servimos a los ídolos, no estamos muy conscientes de cada aspecto de lo que estamos haciendo. Particularmente, en el mundo moderno secular, donde los ídolos son más sutiles y menos visibles, la adoración de los ídolos puede ser tácita en carácter. La idolatría corrompe nuestro pensamiento y acciones; y la corrupción resulta inconsciente en nuestro ser por el hecho de que esta es corrupción.

En realidad, como cristianos vivimos vidas y pensamos cosas que contienen una mezcla confusa de verdad e idolatría, de verdad y sus falsificaciones. Nos excusamos nosotros mismos de señalar el fragmento de verdad que es dejado en nuestra versión falsificada, o nos felicitamos a nosotros mismos en la verdad que tomamos y usamos como una cubierta de una pequeña complacencia en lo que falsificamos.

El remedio de la falsificación

Por lo tanto, el pecado se ha enraizado profundamente en nosotros. Este es tan sutil y atractivamente enreda nuestros corazones. ¿Quién se liberará completamente?

De acuerdo al mensaje bíblico, la liberación no llega a través de una receta mecánica, sino a través de la crucifixión con Cristo: “Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará.” Lucas 9.23-24. La crucifixión toma el lugar de uno por todos en nuestra unión con Cristo: “Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos.” Gálatas 6.24. Al mismo tiempo, la unión con Cristo resulta en una vida continua a través del compañerismo con su crucifixión: “Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo.” 2 Corintios 4.10.

En el libro de Apocalipsis, esta unión viene a darse de varias maneras. Esta es expresada en tener el “testimonio de Jesús” como resistencia aún al punto del martirio, en el gozo de tener acceso a la presencia del trono celestial de Dios. En la adoración verdadera, a través del mediador Jesucristo, ponemos aparte a los ídolos. Y en la satisfacción del compañerismo con Dios ponemos aparte las seducciones del mundo. En lugar de mirar el poder de la Bestia, miramos el poder del trono de Dios. En lugar de mirar el lujo de la Prostituta, miramos las riquezas de la Nueva Jerusalén. En lugar de mirar la seducción sexual de la Prostituta, miramos el placer de la celebración de las bodas del Cordero.

Por lo tanto, el Apocalipsis nos capacita para nuestra guerra espiritual, no sólo para revelarnos los engaños de Satanás. Sino para proveernos de un continuo remedio en Dios mismo—hasta que experimentemos el triunfo consumado sobre la maldad y el pecado en la Nueva Jerusalén.

Ventilando la verdad del error

¿Qué podemos aprender en Apocalipsis acerca de interactuar con el mundo de las ideas? El mundo de las ideas, como todos los demás aspectos del mundo, contiene falsificaciones. Siempre hallaremos sutiles mezclas de verdad y error. Sin embargo, la falsificación está institucionalizada de manera tal que, cuando estamos inmersos en una cultura particular, podemos estar desprevenidos. Pero esta falsificación contiene veneno espiritual.

En nuestra reacción, podemos tener dos extremos. Por un lado, podemos ver solo el mal de la falsificación. Reaccionamos con apartarnos de envolvernos con el mundo tanto como sea posible. Pero fallamos en aprender los fragmentos de la verdad en las falsificaciones. Y sin los beneficios de las verdades complementarias por las que son más cómodas para nosotros, creamos formas sutiles de falsificación aún dentro de nuestro gueto. Somos como los monjes que renuncian al mundo y se van al desierto, solo para encontrar que el mundo todavía está en su corazón.

Por otro lado, también podemos aceptar fácilmente el mundo de las ideas. Si fracasamos en poner mucha atención a las falsificaciones, terminaremos tragándonos el veneno espiritual. Vemos fragmentos de verdad en posiciones no-cristianas, pero la verdad llega a ser una carnada para inducirnos a tragarnos el anzuelo del error idólatra.

El libro de Apocalipsis promueve la salud espiritual al darnos una visión de Dios y sus caminos que nos enseñan tanto la salud de su verdad presente en su creación, y las sutiles seducciones de la falsificación de la verdad. Este también nos da seguridad al proclamar la certeza de la derrota final de este engaño espantoso. Pero la batalla no es sólo intelectual. Esta envuelve nuestro ser entero. El trabajo del estudioso no representa un refugio seguro en el cual el pensamiento pueda funcionar de manera no confusa, sino un lugar entre muchos en donde la batalla cósmica se libra con toda la fuerza.

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