Las Falsificaciones en el Libro de Apocalipsis desde una Perspectiva de la Cultura No-Cristiana (3ª Parte) Por Vern S. Poythress

Idolatría Sutil

Permítanme distinguir explícitamente entre las formas de idolatría descaradas y las sutiles. La más descarada forma de idolatría incluye la adoración literal del emperador o de la cabeza del estado, o la adoración literal de la unión sexual, como fue el caso del sexo sagrado encontrado en antiguos templos de prostitución. Pero existen formas más sutiles. El Comunismo es oficialmente ateísta, sin embargo requiere un compromiso totalitario al estado.

Tales compromisos son, en el fondo, religiosos en carácter. La ciudad moderna es oficialmente secular, pero esta nos seduce a comprometernos esencialmente con el placer y la auto-realización.

Una vez que el Apocalipsis nos ha sintonizado en el carácter de la idolatría, podemos detectar aún formas más sutiles.

Los estados democráticos modernos oficialmente evitan los reclamos totalitarios y prácticas del comunismo. Pero el poder del estado tiene una atracción idólatra. Si los problemas son severos, la gente siente que el poder del estado debe ser la respuesta, el libertador. A pesar de los repetidos fracasos de las burocracias del gobierno nacional para manejar adecuadamente los muchos problemas de los ciudadanos, la gente mira al estado como si este fuera su Mesías. Si hay problemas con la prosperidad económica, con la salud física, con la comodidad garantizada en la vejez, con la discriminación y prejuicio racial, dejemos al estado tener cuidado de estas cosas. Miren la inmensidad de su poder. ¿Dónde podemos depositar mejor nuestras esperanzas que en esta concentración de poder? «¿Quién como la bestia? ¿Quién puede combatirla?» (Apoc. 13.4)

Asimismo, los anunciantes del mercado moderno se reirían del sexo sagrado antiguo y primitivo y de las orgías religiosas. Pero las fotos de sus anuncios encubiertamente prometen que si usas sus productos tendrás una realización sexual. “Escucha, hombre, este producto causará que hermosas muchachas te sigan todo el tiempo.”

De hecho, la Bestia y la Prostituta en Apocalipsis son símbolos universales. Ellos hablan del atractivo del poder, las riquezas, y el placer. ¿Quién no ha caído en la trampa? Formas sutiles de idolatría trazan su camino en las vidas de los cristianos. Nosotros pensábamos que habíamos vencido la codicia de poder cuando dimos nuestra vida a Cristo. Quizás, más tarde nos dimos cuenta que disfrutábamos un desconsiderado y brutal ejercicio de poder sobre nuestra familia o nuestros compañeros. O que encontramos manera de obtener poder a través de la manipulación emocional en lugar de a través de la confrontación directa.

Nosotros pensábamos que habíamos vencido la codicia de las riquezas cuando nos comprometimos a dar el diezmo. Pero más tarde nos dimos cuenta que codiciosamente reclamamos el restante noventa por ciento como completamente MÍO. Pensábamos que habíamos vencido la codicia por el placer cuando estuvimos de acuerdo en nuestro corazón seguir los diez mandamientos y vivir la vida cristiana como la Biblia lo dice. Pero más tarde nos dimos cuenta que de una manera sutil todavía egoístamente nos apoderamos de placeres a expensas de otros, pero eso si, siempre dentro del cuadro de obedecer “la letra de la ley.”

Los monjes trataron de producir soluciones radicales a esas idolatrías: La total renunciación. El voto de obediencia resuelve el problema del poder, el voto de la pobreza resuelve el problema de las riquezas, el voto del celibato resuelve el problema del placer. ¿Pero, lo resuelve? No, el pecado y la idolatría son más sutiles que eso. Si uno corta en un nivel, estos reaparecerán en lo oculto más abajo. La muerte de Cristo, no reglas auto-impuestas, es nuestra santificación. (Col. 2.20-23)

Tal vez pensemos que la solución de los monjes fue tan extrema, pero nosotros inventamos una forma más sutil de esto: un pacifismo o retirada que renuncia al poder y la confrontación; un simple estilo de vida impuesto legalísticamente; conservadurismo sexual.

Pero la mayoría de nosotros en la sociedad Moderna estamos más probablemente atraídos por falsos compromisos en lugar de falsas renunciaciones. Nos unimos al baile religioso el domingo a causa de nuestro bienestar psicológico y obtenemos algunas instrucciones acerca de cómo minimizar nuestros sufrimientos. El resto de la semana vivimos como cualquier otro, con suficiente distingo cristiano superficial para aliviar nuestra conciencia y darnos un sentido de superioridad.

Tanto los cristianos como los no-cristianos pueden ser atraídos no sólo por falsas promesas de placer auto-centrado sino por promesas falsas de salvación. Las ideologías pueden ofrecer sus propias formas de salvación falsificada. El Marxismo promete salvarnos del pecado económico y de la adoración del dinero y distribuir justicia para todos. No podemos dominar nuestra propia codicia por riquezas, y entonces el sistema Marxista entrará y lo hará por nosotros.

El Feminismo promete salvarnos de la agonía de la confusión y la codicia sexual. No podemos dominar nuestra propia codicia, confusión o vergüenza sexual, entonces el Feminismo produce una renovación de la sociedad que nos dirá como tratarnos unos al otro. En esa forma de Feminismo todos somos iguales en relación a la sexualidad. Si conquistamos las distorsiones de nuestro pasado, encontraremos que todos somos realmente idénticos. Entonces no hay problema. De otra forma, si solo permitimos que cada quien haga sus propias cosas, sin estereotipos o falsos moralismos, todos estaremos bien.

Todos estamos buscando liberarnos. En el fondo sabemos, aunque rara vez lo admitimos, que las cosas no están bien y que vivimos de manera enredada, distorsionada, empobrecida, frustrada. Deseamos alivio. Y si el camino en Cristo es tan doloroso, tan humillante, tan increíble, tan lento, bueno, tomaremos otras alternativas. Y las alternativas por lo tanto son maneras alternas de salvación: Estas son los ídolos.

Las formas de la Bestia y la Prostituta se hallan no solo en instituciones sociales, sino en temores y deseos sicológicos individuales. Somos dirigidos negativamente por el miedo, y positivamente por la codicia. Por un lado, la Bestia representa la tentación de la adoración de ídolos a través del miedo. Tenemos miedo del dolor, la humillación, el castigo o la opinión de los demás. El miedo nos aleja de adorar a Dios y nos hace inclinar hacia lo que nos amenaza. Por otro lado, la Prostituta representa la tentación de adorar a los ídolos que nos seducen y que nos prometen placer. La codicia nos aleja de adorar a Dios y nos hace inclinar hacia aquellas cosas que nos atraen con las promesas de intensa emoción o satisfacción. Para cada persona los miedos y las codicias pueden tener ligeramente diferente textura. Así, cada persona experimenta la idolatría en una forma ligeramente diferente. Pero todos nosotros batallamos con variantes de idolatría que vienen en pares de miedo y codicia, la Bestia y la Prostituta. Dios nos llama a rechazar esas idolatrías, a favor del temor verdadero, el temor de Dios, y el verdadero deseo, el deseo de la satisfacción de la presencia de Dios (Apoc. 22.1-5).

En resumen, las idolatrías descritas en Apocalipsis, así como la adoración verdadera en Apocalipsis, tienen dimensiones tanto individuales como grupales.

También debemos notar que la idolatría tiene una dimensión histórica. Las idolatrías se desarrollan y decaen de acuerdo al desarrollo y juicio histórico. La Jerusalén apóstata fue destruida en 70 D. C. Roma en su compromiso oficial con el paganismo desapareció con la conversión de Constantino; su corrupción fue destruida en otro sentido con la remoción de la capital del imperio a Bizancio (330 D.C.) y con el saqueo de Roma en 410. Y podríamos ver otros eventos que rompieron el dominio de la idolatría.

Los dos grandes eventos son la resurrección de Cristo y la Segunda Venida de Cristo. Pero entre ellos podemos encontrar muchos otros juicios que son sombras de los dos grandes juicios. A través de estos dos grandes eventos Dios también rompe el poder de la idolatría en una escala menor, día tras día: El Espíritu Santo nos trae a Cristo y aplica su obra en nosotros. Morimos y recibimos la resurrección de Cristo (Col. 2.20-3.4; 2 Cor. 4.10-12; Fil. 3.10-11). A través del compañerismo con Cristo, Dios nos transforma, en nuestra individualidad, a nuestras familias, nuestras iglesias, nuestras comunidades y nuestras instituciones.

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