UNA IDENTIDAD CON PESO. (Parte 2)
Esta breve fotografía histórica de la vida en el mundo Romano nos ayuda a ver más el impacto de las palabras de Pablo de Romanos 1.15-16 que hizo en los creyentes Romanos, a quienes encontró en lo más bajo de la cadena alimenticia del poder y de las posiciones romanas.
“De allí mi gran anhelo de predicarles el evangelio también a ustedes que están en Roma.
A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen…”
Pablo no se avergüenza del evangelio porque este es el poder de Dios quien ha designado a su Hijo como el verdadero Señor de la tierra al resucitarlo de entre los muertos (Romanos 1.4). El César no es el centro del poder. El no es el verdadero Señor del mundo. No, el evangelio de Dios, del cual Pablo anhela proclamar en Roma, anuncia al Mesías que Israel despreció, Jesús de Nazaret, a quien Dios resucitó del reino de los muertos, el es el verdadero Señor del mundo. El es el centro de la renovación del mundo, el proveedor de significado, el poder que crea identidad. Lo que encuentro hermoso aquí es que es claro que Pablo encuentra su identidad no en lo que le vendía la sociedad Romana, sino en Dios y su poderoso evangelio. La única manera en que los cristianos podemos luchar como una comunidad contra-cultural dentro de una sociedad que, con gran capacidad, vende identidades de poco peso como identidades de gran peso, es solo si estamos firmemente fundamentados en Dios y su evangelio. Sólo el evangelio provee una identidad con peso, una identidad que puede resistir los embates de ser un Cristiano dentro de una cultura secular que valora buenas cosas como cosas fundamentales.
Este es el evangelio de Romanos 1.15-16 que llenó a Pablo con “mucho valor” y lo previno de “desanimarse” (2 Corintios 4.16). Entonces ¿Qué era en relación a este evangelio en particular lo que le dio a Pablo esperanza cuando el estaba desesperado de la vida? 2 Corintios 4-5 responde a esta pregunta para nosotros.
Paul Tripp escribe:
“Encuentro, más y más, en mis jóvenes y en numerosas situaciones de consejería con adultos que tenemos una “crisis de identidad”… y que tenemos esta “crisis” precisamente porque vamos a lugares equivocados para hallar la respuesta a nuestra crisis de identidad. Yo se que necesito el Evangelio CADA DÍA… o rápidamente compro lo que la mercadotecnia está vendiendo. “
He vivido lo suficiente para aprender de la experiencia que si no estoy activamente encontrando mi identidad en el evangelio, la estaré buscando en algo más. No hay nunca un momento donde no estoy localizando mi identidad en algo. Si no la estoy localizando en el evangelio de Dios, buscaré ser definido por algo que nunca me definirá. No fuimos creados a la imagen del éxito vocacional, ni a la realización sexual, el dinero, o ningún otro bien, o aún una cosa de la creación.
No. Fuimos creados a la imagen de Dios y sólo de Dios; y aunque la imagen de Dios en el hombre fue profundamente estropeada por el pecado, esta es renovada en nosotros por el poder del evangelio. Solo el evangelio es nuestra identidad dada por Dios renovada y restaurada. Sin el evangelio nos dejamos a nosotros mismos a ninguna otra alternativa sino la de vivir como si fuéramos creados a la imagen de alguna cosa finita—algo que finalmente no tiene un peso estabilizador de vida (Romanos 1.23-25). Esto es idolatría. Pablo Tripp escribe:
“Nuestro problema más profundo es que buscamos encontrar nuestra identidad fuera de la historia de la redención… Solo cuando vemos nuestra historia incluida en la historia más grande de la redención empezaremos a vivir vidas que honran a Dios. El cambio duradero comienza cuando nuestra identidad, propósito y sentido de dirección son definidos por la historia de Dios.”
Si te acuerdas, anteriormente Pablo nos dice en 2 Corintios 1.8 que la aflicción que el experimentó en Asia fue tan grande, cargándolo más allá de sus fuerzas, que el se desesperó de la vida misma. Pablo escribe, “Estábamos tan agobiados bajo tanta presión, que hasta perdimos la esperanza de salir con vida.” Las cosas iban tan mal que el, de acuerdo al v.9, “nos sentíamos como sentenciados a muerte.” En otras palabras, sus aflicciones eran de tal peso y severidad que el en realidad perdió toda esperanza de vivir. Pero tres capítulos más tarde leemos estas contradicciones aparentes de Pablo, “Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados.” (2 Corintios 4.8). El estaba desesperado pero después no lo estaba. ¿Cómo podemos entender estos dos pasajes juntos?
Permíteme sugerir que en el tiempo (no sabemos qué tanto) cuando Pablo “perdió la esperanza” de la vida misma (2 Corintios 1.8), el estaba, en alguna medida, ubicando su identidad en el lugar equivocado. Esto es lo que explica estas aparentes contradicciones en estos dos textos.
¿Por qué pienso esto? Una razón es debido a que Pablo nos informa de los propósitos divinos detrás de las severas aflicciones que el enfrentaba. Pablo nos dice que había llegado al punto de la desesperación de la vida, pero eso sucedió “para que no confiáramos en nosotros mismos sino en Dios, que resucita a los muertos.” (2 Corintios 1.9). ¿Qué puede significar esta declaración de propósito? Pablo estaba, como muchos de nosotros, en este camino, es decir, que en el tiempo de prueba y tentación estaba descansando en la forma defectuosa de su corazón, es decir, en él mismo y no en el Dios del evangelio. Entonces, ¿Qué hizo Dios con Pablo? El ordenó que mientras estaba en Asia, Pablo sería “tan agobiados bajo tanta presión” 2 Corintios 1.8, con el propósito de refinar aún más allá la actividad de confianza de su corazón.
Así, ¿qué está sucediendo en el cap. 4 cuando Pablo dice que el estaba “perplejos, pero no desesperados”? (4.9) Este texto parece indicar que en algún punto, en esos momentos cuando el estaba desesperado, el experimentó de nuevo el resucitador poder de Dios del evangelio. Pablo estaba cargado más allá de sus fuerzas que el pudo aprender a descansar en “Dios que levanta a los muertos”, de modo que su identidad funcional pudiera continuar ser transformada en tanto que recibía una experiencia más profunda del poder de resurrección de Dios en el Mesías (2 Corintios 1.9). Me parece que cuando miramos 2 Corintios 1 y 4 juntos aprendemos que fue a través de una fresca aplicación del evangelio que Pablo estaba liberándose de descansar en si mismo más que descansar en Dios.
Pablo experimentó esto de tal manera que su sentido de “identidad, propósito, y sentido de dirección” de manera creciente sería definido por la historia de la redención de Dios.
Si nosotros queremos resistir a las identidades que vende nuestra cultura, necesitamos que nuestras mentes sean renovadas por el poder de identidad-transformador del evangelio.
Etiquetas: Evangelio, identidad
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