LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU (1ª Parte). Tim Keller

Este artículo es tomado del estudio del Evangelio en Gálatas de Keller. Se encuentra en la lección 11.

INTRODUCCION AL FRUTO

 

“El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu.” 2 Corintios 3.18

 

El propósito del Espíritu.

El propósito principal de la obra del Espíritu en el Cristiano es cambiarnos a un parecido en el carácter de Cristo. (Ver Rom. 8.29- “El nos predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo.” Y Efesios 4.13- “A ser conforme a la plena estatura de Cristo.”) Así, la meta principal no es alguna clase de comodidad general, o fuerza o poder, sino un cambio concreto, práctico en nuestro carácter—como pensamos, sentimos, y actuamos habitualmente y naturalmente.

 

El método del Espíritu.

El sorprendente método del Espíritu es mostrarnos la gloria de Cristo. El verbo complejo que Pablo usa es katoptrizdomenoi el cual significa “ contemplar frente a un espejo.” Esta palabra combina las ideas de mirar larga y duramente algo, y parecerse o reflejar algo. Nosotros somos llamados a contemplar fijamente y largamente al Señor Jesús y cambiar en tanto reflejemos su imagen. ¡Qué imagen tan vívida! Entre más miremos con fijeza y contemplemos a Jesús, más el Espíritu nos muestra su gloria y llegamos a ser transformados al parecido de lo que vemos.  ¿Qué significa mirar la gloria de algo? Esto significa darte cuenta en tu corazón su importancia, su belleza y como esto te conecta y te afecta. Entonces la manera en que el Espíritu crea un carácter en ti es afectando el corazón y la vida por lo que tu ves en la persona y la obra de Cristo.

 

El proceso del Espíritu.

El Espíritu no establece este carácter como el de Cristo inmediatamente, sino que cambiamos gradualmente, de un grado de parecido al siguiente. Por lo tanto, nuestra santificación no es una crisis sino un proceso. El crecimiento no sucede eventualmente, sino en momentos, como el crecimiento de las plantas. (Ver 2 Pedro 3.20)

 

La experiencia del Espíritu.

Este proceso de transformación del Espíritu es experimentado por el Cristiano individual como “libertad”. Esto no significa que el esfuerzo, el dolor y la dura disciplina no estén involucrados, sino que primariamente y principalmente el desarrollo de un carácter como el de Cristo es liberador. Crecer en amor, gozo, paz, auto-control te hace sentir que estás “llegando a ser tu mismo.”

 

“Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido. Si tengo el don de profecía y entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas, pero me falta el amor, no soy nada. Si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y si entrego mi cuerpo para que lo consuman las llamas, pero no tengo amor, nada gano con eso.” 1 Corintios 13.1-5

El test del Espíritu.

Los Corintios tenían dones milagrosos (profecía), dones de enseñanza (entiendo todos los misterios y poseo todo conocimiento),dones de visión y liderazgo (fe que logra trasladar montañas), una preocupación social (Si reparto entre los pobres) y una voluntad para morir por la fe (si entrego mi cuerpo). Y en medio de todo ellos eran impacientes, ásperos, críticos, rudos, celosos, egocéntricos. Pablo claramente dice que los dones del Espíritu (las capacidades- lo que hacemos) son mucho menos importantes que los frutos del Espíritu (el carácter- lo que somos). El dice que los dones del Espíritu son los talentos que el Espíritu usa para ayudar a otros y para tener cosas hechas, pero es posible que el Espíritu te use de esta manera y aún tener poca o nada de gracia en el corazón (no soy nada). Un don u operación del Espíritu puede o no puede operar sin un corazón cambiado por la gracia. Saúl y Judas fueron usados por el Espíritu de profecía, haciendo milagros y otras cosas. Los dones también pueden operar cuando nuestro amor, gozo y auto-control son muy, muy bajos. Pero el crecimiento del fruto del Espíritu sólo puede suceder en un hijo de Dios. La única prueba que el Espíritu ha permanecido realmente en ti como un hijo de Dios es el crecimiento en el fruto del Espíritu.

 

         “Muchos hombres malos tenían esos dones. Muchos dirán en el día final, “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” (Mateo 7.21) Estos hombres tenían dones del Espíritu, pero no tenían la obra salvadora y especial del Espíritu. Los dones del Espíritu son cosas excelentes, pero estas no son cosas que están inherentes en la naturaleza del Espíritu como lo están la gracia y la santidad (los frutos)… Los dones del Espíritu son preciosas joyas las cuales un hombre sostiene acerca de él. Pero la gracia verdadera en el corazón es la preciosidad del corazón la cual el alma en si misma llega a ser una joya preciosa… El Espíritu de Dios puede producir efectos en muchas cosas con las que el no se comunica a sí mismo. Así como el Espíritu de Dios se movió sobre las aguas, pero no se  impartió así mismo en las aguas. Pero cuando el Espíritu por su influencia ordinaria concede gracia salvadora, el se imparte a si mismo al alma… Si, la gracia es como si esta fuera la santa naturaleza del Espíritu de Dios impartida al alma.” (Jonathan Edwards)

 

La dinámica del Espíritu.

La referencia que hace Pablo de los metales que resuenan y los platillos que hacen ruido probablemente se refiere a los cultos de adoración de los paganos en Corinto en los templos de Demetrio y Cibeles. Este culto pagano era una manera de producir y mostrar un mérito y atraer el favor de los dioses. Pablo indica, entonces, que es posible hacer el ministerio cristiano de la misma manera. Podemos ayudar a otros y hacer muchas actividades cristianas como una manera de convencernos a nosotros mismos y a otros (y a Dios) que nosotros somos “algo.” Esto es una forma de justicia por obras. Cuando los dones son usados de esta manera, allí hay señales de impaciencia hacia los demás, irritabilidad, orgullo, sentimientos heridos, celos. Pero en cambio, el fruto del Espíritu crece en la medida que recordamos el evangelio, regocijándonos en nuestra salvación y usando nuestros dones como un sacrificio de gratitud. Como un resultado de esto, nuestro ministerio y ayuda a otros será hecho en humildad, amor, paciencia, ternura.

 

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