LA CENTRALIDAD DEL EVANGELIO (Parte 2)
APLICACIONES
Los dos “ladrones” del evangelio. Ya que Pablo usa una metáfora de estar “en línea” con el evangelio, podemos considerar que la renovación del evangelio ocurre cuando nos cuidamos de caminar “fuera de la línea” ya sea a la derecha o a la izquierda. La clave para pensar fuera de las implicaciones del evangelio es considerar el evangelio un “tercer” camino entre los dos errores opuestos. Sin embargo, antes de empezar debemos darnos cuenta que el evangelio no es un camino de en medio entre dos polos–este no es algo en el medio, sino que es algo diferente a ambos. El evangelio critica a ambos a la religión y a la irreligión (Mat. 21.31; 22.10). Los “dos ladrones” del Evangelio, de los que Tertuliano afirmaba: “Igual que Cristo fue crucificado entre dos ladrones, esta doctrina de la justificación se encuentra crucificada entre dos errores opuestos”.Tertuliano quería decir que había dos falsas formas de pensar, cada una de las cuales nos “roba” el poder la distinción del evangelio, empujándonos “fuera de la línea del evangelio” a uno u otro lado. Estos dos errores son muy poderosos porque representan la tendencia natural del corazón y de la mente humanos. (El evangelio es “revelado” por Dios (Romanos 1: 17) – la mente humana no puede concebirlo sin ayuda.) Estos “ladrones” se pueden llamar moralismo o legalismo por una parte y libertinaje o relativismo por otra. Religión contra irreligión.
El ladrón moralismo-religión. ¿De qué forma el moralismo-religión roba el gozo y el poder? El moralismo es el que dice que somos aceptables (para Dios, el mundo, los otros, uno mismo) a través de nuestros logros. (Los moralistas no tienen por qué ser religiosos, pero suelen serlo). Cuando lo son, su religión es bastante conservadora y repleta de reglas. A veces los moralistas ven a Dios como inmensamente santo y justo. Esto les abocará hacia: a) un odio a sí mismos (porque no pueden cumplir las normas) o b) un orgullo de sí mismos (porque creen que las cumplen). Es irónico ver que ambos complejos, de inferioridad y de superioridad, tienen la misma raíz. Que el moralista termine pagado de sí mismo y superior o destruido y culpable, dependerá de lo altas que sean las normas y de las ventajas naturales de cada persona (como familia, inteligencia, apariencia, voluntad). Los moralistas pueden ser profundamente religiosos — pero no existe gozo ni poder transformadores.
El ladrón relativismo-irreligión. ¿De qué forma el relativismo-irreligión roba el gozo y el poder? Los relativistas suelen ser irreligiosos o si se prefiere, lo que se llama “liberales” en religión. En apariencia son más felices y tolerantes que los moralistas/religiosos. Aunque pueden ser más idealistas en algunas áreas (como en política), creen que cada uno necesita determinar lo que está bien y lo que está mal por sí mismo. No creen que Dios sea justo ni que deba castigar a los pecadores. Sus creencias sobre Dios tenderán a considerarlo como un ser amoroso o como una fuerza impersonal. Puede que hablen mucho del amor de Dios pero, como no se consideran pecadores, el amor de Dios por nosotros no le cuesta nada. Si Dios nos acepta es o bien porque es muy acogedor o bien porque nosotros no somos tan malos. El concepto del amor de Dios en el evangelio es mucho más rico, profundo y electrizante.
En qué difieren ambos ladrones. Cada uno de los dos ladrones capta un “lado” del evangelio mientras que rechaza el resto. El moralismo (aunque no tiene por qué ser explícitamente religioso) suele ver a Dios como Santo y como Juez. Comprende que existe una ley de justicia eterna y absoluta que no se puede desechar. El relativismo (aunque no tiene por qué ser optimista) suele considerar a Dios, si existe, como un espíritu de amor. Recalca el que todos son imperfectos aunque valiosos y que deberíamos perdonamos y aceptarnos tal como somos. Por una parte, el “moralismo/religión” enfatiza la verdad sin gracia, porque declara que debemos obedecer la verdad para alcanzar la salvación. Por otro lado, el “relativismo/irreligión” enfatiza la gracia sin verdad, porque afirma que todos somos aceptados por Dios (si es que existe) y que debemos decidir lo que es bueno para nosotros. Pero “verdad” sin gracia no es realmente verdad, y “gracia” sin verdad no es realmente gracia. Jesús estaba “lleno de gracia y verdad”, Porque el Evangelio se define como:“Soy mucho más pecador e imperfecto de lo que jamás me imaginé (contra el relativismo) y soy más aceptado y amado de lo que jamás esperé” (contra el legalismo).
En qué se parecen el moralismo y el relativismo. A simple vista, el moralismo y el relativismo parecen ser dos puntos de vista opuestos.De hecho, la gente que se encuentra fuertemente influenciada por uno de ellos suele despreciar a la del otro lado. Pero irónicamente, resultan ser realmente idénticos. Ambos evitan a Jesús como Salvador y el que tiene el control de sus vidas.Ambas son formas de la justicia por obras. Los moralistas, a pesar de todo el énfasis en las normas tradicionales, al final son egocéntricos e individualistas, porque se han constituido en sus propios Salvadores. Los relativistas, a pesar de todo su énfasis en la libertad y la aceptación, al final son moralistas porque siguen teniendo que alcanzar y cumplir (sus propias) normas o caer en la desesperación. Y con frecuencia, sienten un gran orgullo por su apertura mental y juzgan a los que no la tienen. Así que, a la postre, los dos, la persona religiosa y la irreligiosa, buscan eludir a Jesús como Salvador y transformarlo (si lo hacen) en un ejemplo o un ayudador, un medio por el que nos salvamos a nosotros mismos. Ambos pierden de vista al Dios real. La gente irreligiosa pierde de vista la ley y la santidad de Dios y la gente religiosa el amor y la gracia de Dios, pero al final ambos pierden el evangelio por completo. Porque el evangelio es que Jesús cumplió en la cruz la ley de Dios por amor a nosotros. Sin una comprensión completa de la obra de Cristo, la realidad de la santidad de Dios hará que su gracia sea irreal; o la realidad de su amor hará que su santidad sea irreal. Sólo el evangelio-que somos tan pecadores que necesitamos ser salvados completamente por gracia-permite que la persona vea a Dios como realmente es Él. Ambos niegan nuestro pecado–y por eso pierden el poder y la gracia. El moralismo nos halaga diciéndonos que no somos tan pecadores como para no poder ganar el favor de Dios. Esto nos roba todo el poder y el gozo del evangelio, porque creemos que el amor de Dios está con nosotros porque nos lo hemos ganado.Por eso no hay sorpresa ni asombro, no hay gozo humilde ni temor ante el hecho de que Dios nos oye, nos ayuda, nos conoce. Por otro lado, el libertinaje obviamente nos adula diciéndonos que somos básicamente buenos y capaces de elegir nuestras propias normas morales. Esto nos roba todo el poder y el gozo porque nos dice que el amor de Dios está con nosotros sólo porque está con todos. A Dios no le cuesta nada amarnos (porque no somos tan pecadores como para merecer la cruz). Una vez más, no existe asombro ni gozo humilde. El amor de Dios no es electrizante. No existe la “liberación” ni “transformación de motivos”. Nota: Realmente hay dos formas en las que el moralismo nos roba el gozo. Puede abocar a la autocompasión (porque uno no puede cumplir con las normas o a la autocomplacencia (porque uno cree que las han cumplido). Los complejos de inferioridad y de superioridad tienen la misma raíz.Que el moralista termine pagado de sí mismo y superior o destruido y culpable, dependerá de lo altas que sean las normas y de las ventajas naturales de cada persona (como familia, inteligencia, apariencia, voluntad). Resumen. Sin un conocimiento de tu pecado tremendamente grande, el pago de la cruz parece sin importancia y no transforma. Pero, sin el conocimiento de la vida y la muerte de Cristo completamente satisfactorias, el conocimiento del pecado nos aplastaría o lo negaríamos o reprimiríamos. Si quitamos el conocimiento del pecado o el conocimiento de la gracia de Dios, las vidas de la gente no habrán cambiado. Estarán cansados de las reglas o leyes morales o se alejarán de ellas con enojo. Así, el evangelio no es que vayamos de ser irreligiosos a ser religiosos, sino que nos demos cuenta que nuestras razones para ambos, nuestra religiosidad y nuestra irreligiosidad son esencialmente lo mismo y esencialmente equivocadas. Estamos buscando ser nuestros propios salvadores y por lo tanto guardando el control de nuestra vida. Cuando confiamos en Cristo como nuestro Redentor, dejamos de tanto confiar en nuestra auto-determinación o auto-negación para nuestra salvación– tanto de ser moralistas o libertinos.
Una nueva forma completa de ver la vida
Pablo nos muestra que no debemos preguntar simplemente “¿cuál es la forma moral de actuar?” sino “¿cuál es la forma que se ajusta al evangelio?” El evangelio debe ser continuamente “bien pensado” para evitar que nos desplacemos hacia nuestras tendencias naturales del moralismo o el individualismo. Debemos poner todo en línea con el evangelio.
El ejemplo del racismo
Ya que Pablo usó el evangelio para atacar el racismo, permítasenos usarlo como ejemplo de la forma de pensar basada en el evangelio: El acercamiento moralista a la raza.Los moralistas/legalistas tenderán a sentirse muy orgullosos de su propia cultura. Caerán en el imperialismo cultural. Intentarán asociar significado espiritual a su estilo cultural, para sentirse moralmente superiores a otros pueblos. Esto sucede porque los moralistas son personas muy inseguras ya que miran mucho a la ley eterna y, en el fondo, saben que no pueden cumplirla. Así que utilizan las diferencias culturales para apuntalar su sentido de justicia. El acercamiento relativista a la raza. Este acercamiento afirmará: “Los tradicionalistas eran racistas porque creían en la verdad absoluta. Pero la verdad es relativa. Todas las culturas son hermosas en sí mismas. Todas deben ser aceptadas con sus propias características”. El acercamiento del evangelio a la raza.Los cristianos saben que el racismo no se deriva de una creencia en la verdad sino de una falta de creencia en la gracia. El evangelio nos lleva a ser un poco criticas con todas las culturas, incluida la nuestra, (porque existe la verdad) sin sentirnos superiores a nadie. Después de todo, somos salvados sólo por gracia y, por eso, un vecino no cristiano puede que sea más moral y sabio que nosotros. Esto proporciona a los cristianos una postura radicalmente distinta a la de los moralistas o de los relativistas. Nota: Los relativistas (como ya se ha dicho) son, a la postre, moralistas. Y por eso sólo pueden sentir respeto hacia los que creen que todo es relativo. Pero los cristianos no se pueden sentir moralmente superiores a los relativistas.Los cristianos deben pensar de esta misma manera en cada uno de los temas y formas de actuar, para poner todo el línea con el evangelio.
Etiquetas: artículos Keller, Evangelio, Tim Keller
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marzo 13, 2009 a 3:45 pm
Rolando Hinojosa
Gracias por esta traduccion. Este articulo La Centralidad del Evangelio se me hace muy oportuno para nuestros tiempos. Lo que me llama la atencion es que falta la parte # 2 (part II) del documento titulada The Key to Everything. Tienes pensado terminar de traducir esa seccion?
marzo 13, 2009 a 4:58 pm
Juan:
Tienes mucha razón en tu comentario respecto de la necesidad de la centralidad del evangelio en la predicación y la enseñanza hoy.
Este artículo esta traducido completo en el estudio a Los Gálatas (en español) de Tim Keller (Lecc. #2). Este estudio es gratuito en la página de la iglesia Redeemer. El link es:
http://www.redeemer2.com/rcpc/rcpc/index.cfm?fuseaction=resources
Saludos