1. Conocimiento acerca del canon de la Biblia.
Quizás esto sea un resultado de “El Código Da Vinci” o de los efectos de los estudios históricos deconstructivistas y revisionistas, pero una de la principales preguntas apologéticas que recibo de los estudiantes tiene que ver con la formación del canon de las Escrituras. En ninguna otra área he observado más poca información. Los estudiantes me han dicho que en sus escuelas el maestro de inglés les enseña que el Evangelio de María Magdalena no fue incluido en la Biblia porque el Cristianismo es misógino. Otro muchacho me dijo que los Evangelios en realidad fueron escritos en el siglo cuarto.
Si un estudiante no confía en la Biblia como la Palabra de Dios, los ministros tendremos tiempos difíciles al darles cualquier confianza en las verdades del cristianismo; la Biblia es la autoridad y el fundamento de toda la doctrina cristiana. Aquellos que ministran a los jóvenes deben poseer un fuerte entendimiento de la historia y el sistema por el cual la iglesia de los primeros siglos discernió ciertos libros como autoridad y rechazó a otros como sin inspiración y heréticos.
Lectura Recomendada: El Canon de la Escritura, F.F. Bruce.
2. Desarrollo de una teología de la sexualidad, particularmente de la homosexualidad.
Las preguntas acerca del sexo premarital, género de sexos y de la sexualidad son cada vez más comunes en el ministerio juvenil. Para muchos jóvenes el punto de quiebra acerca del Cristianismo es la homosexualidad. Muchos jóvenes piensan que acciones de fanáticos anti-gay, como lo están haciendo algunas iglesias, representan la teología cristiana acerca de la homosexualidad, y, es necesario decirlo, estos jóvenes tienen sus reservas respecto a la fe. Mientras tanto, otros jóvenes adoptan la idea secular de la homosexualidad como un asunto de derecho civil parecido a la segregación racial.
Los que ministran a jóvenes necesitan una teología balanceada, basada en las Escrituras que no amplifique la homosexualidad como peor que otras formas de pecado sexual, de modo que no permita que se le condene más que a la pornografía o a el adulterio.
Igualmente importante es que ellos necesitan un humilde, amable y compasivo tono al tratar con el asunto.
Lectura recomendada: Reflexiones en la fe cristiana y la homosexualidad, Wesley Hill.
3. La habilidad de enseñar la Biblia en el contexto mayor de la historia de la redención.
Temprano en mi carrera, la gente decía que los jóvenes postmodernos habían rechazado las meta-narraciones y que sólo escuchaban las historias pequeñas de narraciones personales. Algunos de mis colegas y yo estamos de acuerdo que el fatalismo de negar una definida meta-narración para la vida y el mundo parece haber tocado fondo. Los muchachos hoy están más probablemente deseosos de creer si hay una razón y un diseño detrás de todas las cosas que suceden en el mundo. Los estudiantes se benefician grandemente de conocer la historia de la salvación.
Como una manera de tomar a los estudiantes a través de toda la historia de la redención, yo enseño a cada uno de mis grupos pequeños un estudio en “Los 25 eventos top de la Biblia” que corren desde Génesis hasta Apocalipsis. Cuando enseño las Escrituras, hago un punto para conectar al contenido del contexto mayor de la narración bíblica. Esto refuerza a los jóvenes la creencia de que un bueno y soberano Dios gobierna el curso de la historia de la humanidad, así como los eventos de sus vidas individuales, en un tiempo cuando ellos lo desearon.
Lectura recomendada: El Gran Panorama de la Biblia, Vaughan Roberts
4. Un entendimiento teológico, no sólo moral, del pecado.
La mayoría de los estudiantes—tanto cristianos como seculares—creen que la moralidad es individualmente relativa. Por lo tanto, explicar el pecado simplemente en términos morales no resonará en la mayoría de los jóvenes. Tú podrás decir que toda la gente juzga, codicia, envidia, y miente, pero tu audiencia juvenil probablemente justificará a cualquiera de esos pecados a un nivel personal, creyendo que ellos tienen una autoridad principal sobre la moralidad.
En consecuencia, aquellos que ministran a los jóvenes necesitan un entendimiento teológico de como el pecado se origina desde los deseos humanos para vivir de manera independiente de Dios y de querer ser el “dios” de nuestras propias vidas. La mayoría de los estudiantes aceptarán que ellos no dependen de Dios para todos los asuntos de sus vidas, en todo caso, o que ellos no tienen una relación con él. (En verdad, esos asuntos representan nuestro más profundo problema como pecadores y la fuente de nuestra inmoralidad.) Los estudiantes aceptarán el argumento teológico para la pecaminosidad humana mucho más rápido que una explicación moral.
Lectura recomendada: Dioses Falsos, Tim Keller
5. Entender la adopción como un elemento de la salvación.
Yo me cargo a mí mismo con culpabilidad por ser negligente en este elemento de la salvación, y este me ha costado gran trabajo. Con frecuencia la iglesia predica la salvación como un asunto individual. En un sentido, nos quedamos en la regeneración y la justificación y nos detenemos allí. Yo lo he hecho. Pero la persistente enseñanza de mis colegas, Mark Howard y las conferencias de Ray Ortlund y Mary Willson en la Conferencia Rooted abrió mis ojos a este punto ciego.
Mucho más que la generación anterior, hoy los jóvenes valoran la comunidad. Si ellos no ven como los grupos o las creencias producen un compañerismo, probablemente menos lo abrazarán. La adopción representa el aspecto de la salvación por lo cual Dios adopta a pecadores como sus hijos e hijas. Nuestra salvación no nos salva simplemente individualmente sino también no hace ser parte de un cuerpo más grande con conexiones cercanas. Tener un completo entendimiento de la salvación tanto en términos tanto individuales como corporales, ayudará a la persona a ministrar a los jóvenes ofreciendo el evangelio en una manera que apele a sus puntos de vista del compañerismo y la necesidad de una amorosa aceptación.
Lectura recomendada: Adoptados en la familia de Dios, Trevor Burke.



