5. El evangelio es histórico. Debemos decir cuatro cosas:
Primero, 1 Corintios 15 especifica tanto la muerte y su resurrección. El sepulcro testifica la muerte de Jesús, ya que (¡Normalmente!) enterramos sólo a los que han muerto, y las apariciones testifican la resurrección de Jesús. La muerte y su resurrección están unidas en la historia: Aquel que fue crucificado es aquel que fue resucitado, el cuerpo que salió de la tumba, como Tomás deseó que fuera demostrado, tuvo las heridas del cuerpo que fue llevado a la tumba. Esta resurrección tomó lugar en el tercer día: esta es una secuencia fechable de la muerte. La cruz y la resurrección están íntimamente unidas. Cualquier aproximación teológica o evangelística, que intente enfrentar la muerte y la resurrección de Jesús una contra la otra, es nada menos que un tonto. Quizás una u otra puedan ser especialmente enfatizadas para combatir alguna negación o una necesidad, pero sacrificar a una en el altar de la otra es distanciarse de la manera en que tanto la cruz y la resurrección están históricamente estrechamente unidas.
Segundo, la manera en la cual tenemos acceso a los eventos históricos de la muerte de Jesús, su sepultura y su resurrección, es exactamente la misma por la cual tenemos acceso a casi cualquier evento histórico: a través del testimonio y restos de aquellos que estuvieron allí, por medio de los testimonios que dejaron. Esto es el por qué Pablo enumera los testigos, menciona que muchos de ellos todavía están vivos en su tiempo de escribir y por lo tanto todavía podrían entrevistarlos, y reconoce la importancia de su confiabilidad. En la misericordia de Dios, esta Biblia es, entre muchas otras cosas, un registro escrito, una escrituración, de aquellos primeros testigos.
Tercero, debemos ver que, a diferencia de otras religiones, el reclamo cristiano central es irreduciblemente histórico. Si de alguna manera— aunque no tengo idea como— podrías probar que Gautama el Buda nunca vivió, ¿destruirías la credibilidad del Budismo? No, por supuesto que no. La plausibilidad y la credibilidad del Budismo dependen de la coherencia interna y el atractivo del Budismo como un sistema con todas sus variaciones. Este no depende ni una pizca de una pretensión histórica. O si de alguna manera— aunque no tengo idea como—podrías probar que el gran dios Krishna nunca existió, ¿Destruirías el Hinduismo? No, por supuesto que no. Los Hindúes tienen millones de dioses. Si Krishna desapareciera de los dioses Hindúes, siempre tendrías en la próxima esquina al dios Shiva en su lugar. Pero supongamos ahora que te acercas a tu amigo musulmán y buscas explorar como el Islam tiene pretensiones históricas. Tú descubrirás que la historia es importante para el Islam, pero no en la misma manera en que ésta es importante para el cristianismo bíblico. Tu podrías preguntarle, “¿Podría Alá haber dado su revelación final a algún otro aparte de Mahoma?” Tal vez el respondería, “Nosotros creemos que Alá dio su más grande y final revelación al profeta Mahoma.” Entonces podrías replicar, “Con todo respeto, Señor, entiendo que eso es lo que el Islam enseña. Pero esa no es mi pregunta. No estoy preguntando si los Musulmanes creen que Dios dio su más grande y final revelación a Mahoma: Por supuesto que tú crees eso. Y lo respeto. Lo que yo estoy preguntando es una pregunta hipotética: ¿Podría Alá haber dado su más grande y final revelación a alguno otro además de Mahoma, es decir, habría el escogido a otro? Tu amigo Musulmán sin lugar a dudas diría: “¡Por supuesto! Alá, sea él bendito, es soberano. Él puede hacer lo que él quiera. ¡La revelación no es Mahoma! La revelación es completamente un regalo de Alá. Alá la podría haber dado a cualquiera que él haya escogido. Pero nosotros creemos este hecho de que Alá se la dio a Mahoma.”
En otras palabras, aunque es importante para los Musulmanes creer y enseñar que la revelación principal de Alá fue dada en la historia, para Mahoma, y que los reclamos históricos del Islam acerca de Mahoma son parte de su defensa para justificar el lugar crucial de Mahoma como el profeta final, no hay nada intrínseco en Mahoma mismo que esté ligado con la visión teológica del Islam. Otra manera de decirlo, un musulmán debe confesar que no hay dios sino Alá, y que Mahoma es su profeta, pero la existencia histórica de Mahoma en sí misma, no determina el entendimiento del Dios de los Musulmanes.
Por supuesto que tu puedes hacerle la misma pregunta a un pastor cristiano: “¿Crees tu que el Dios de la Biblia pudo haber dado su revelación final a alguien más aparte de Jesús de Nazaret?” La pregunta ni siquiera es coherente—porque Jesús es la revelación de Dios, él es la revelación que entró en la historia en la encarnación. Como lo escribe Juan en su primera carta, “Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida. Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella” (1 Juan 1.1-2). Esta es una revelación histórica. Sin embargo, hay eventos históricos específicos en la vida de Jesús que son esenciales para el entendimiento más elemental del cristianismo—y aquí, en el lugar de honor está la muerte y la resurrección de Jesús.
Cuarto, debemos enfrentar el hecho de que en la discusión contemporánea la palabra “histórica” está algunas veces investida con un número de supuestos resbaladizos. Para algunos que están influenciados por el naturalismo filosófico, la palabra “histórico” puede ser aplicada solo a aquellos eventos que tienen causas y efectos completamente localizados en el tiempo “ordinario” o “natural”- o en el tiempo basado en la corriente secuencia de eventos. Si esto es la definición de “histórico” entonces la resurrección de Jesús no fue histórica, porque tal definición excluye los milagros, las intervenciones espectaculares del poder de Dios. Pero es mucho mejor pensar que “histórico” correctamente se refiere a los eventos que toman lugar dentro de un continuo espacio y tiempo, independientemente de si Dios ha llevado esos eventos por causas ordinarias o por una explosión de poder sobrenatural. Insistimos que en este sentido, la resurrección es histórica: esta toma lugar en la historia, aún si fue causada por el poder espectacular de Dios cuando él levantó a el hombre Jesucristo de la muerte, dándole un cuerpo resucitado que tuvo una genuina continuidad con el cuerpo que fue a la tumba. Esta resurrección del cuerpo pudo ser vista, tocada, manejada; esta pudo comer comida ordinaria. Sin embargo, este es un cuerpo que pudo repentinamente aparecer en un cuarto cerrado, un cuerpo que a Pablo se le dificulta describir, al que finalmente le llama un cuerpo espiritual o un cuerpo celestial (1 Cor. 15.35-44). Y este cuerpo fue levantado de la tumba por el poder espectacular y sobrenatural de Dios—operando en la historia.
En resumen, el evangelio es histórico.